Los 8 principios estelares

Elementos de unión y estilo

Comprendemos la salud como el estado óptimo de bienestar natural y base fundamental de nuestros pensamientos, acciones y creaciones. Sabemos que el amor a la salud es amor a la vida. Apreciamos nuestro cuerpo como la condición primaria de nuestra fuerza, nuestra energía y nuestro amor. Además, comprendemos la importancia de la salud para algo absolutamente transcendental: nuestra moral, el bien y el mal que nos oriente.

Por esto queremos cuidar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu. Buscamos una conexión intensa con nuestra materia y nuestros sentidos porque la vida es movimiento y sensibilidad. Queremos ser activos, ejercitarnos, caminar, correr, hacer deportes, ¡bailar!, y por supuesto, alimentarnos adecuadamente en todos los sentidos.

Una gran sentencia proclama:

Ámate a ti mismo y te amarán además todos: principio del amor al prójimo. Nietzsche.

Consideramos que nuestro propio amor es la fuente para amar y ser amados. Es muy importante comenzar por nosotros mismos y, desde una autoestima sana y fuerte, ser agentes que van transformando positivamente su entorno.

Queremos vivir en armonía frente a la realidad y enfrentar la hipocresía. La verdad es absolutamente importante para mantener relaciones saludables frente a nosotros mismos y los demás. Valoramos conducir nuestra vida con honestidad, actuando y hablando con transparencia.

Comprendemos por esto que debemos ser fuertes y valientes. Por esto son tan importantes los dos principios anteriores, porque la verdad a veces duele, pero siempre será mejor que la mentira o la ignorancia. (Tarde o temprano, los engaños te explotarán en el cara.)

Consideramos importante mantener los sentidos atentos y el ánimo dispuesto para ver las cosas tal como son, aceptarlas tal como realmente son. Muchas mentiras no ocurren porque intencionalmente queramos estafar o engañar a los demás, muchas mentiras ocurren porque nosotros mismos nos autoengañamos y extendemos tal vicio.

Comprendemos que todos somos diferentes y perseguimos sueños diversos, pero tenemos siempre presente que nuestra vida se despliega en constante relación con toda la naturaleza y la sociedad. Por esto apreciamos la importancia de la justicia, es totalmente necesaria para conseguir armonía y prosperidad, las cuales enriquecen nuestra vida privada y social.

Se trata de que cada persona pueda tener lo que merece, y de no hacer a los demás lo que no queremos que hagan con nosotros. Pero buscamos, además, relaciones de interacción e interdependencia que optimicen nuestra capacidad de alcanzar un mayor bienestar. Sabemos que no somos iguales, pero podemos hacer que nuestras diferencias redunden en un mayor beneficio para todos.

Sabemos comprender y amar el cambio, el movimiento, el devenir de la vida. ¡La vida es baile y aventura! Por esto valoramos el equilibrio, el punto medio de las cosas, el reconocimiento de los detalles. Así como la naturaleza, consideramos muy importante tender hacia el equilibrio.

Queremos enfrentar el fanatismo y los excesos, así como la carencia de una actitud crítica y de reflexión. Comprendemos que todo exige un punto de prudencia y la importancia de la ubicación, pues todo se da en un lugar, un tiempo y bajo particulares circunstancias.

Sabemos que vivir es un arte, cada detalle y elección afectan nuestra manera de disfrutar y sentir la vida. Por eso queremos ser personas que enaltecen y prefieren lo que conseguimos con nuestro propio sudor, lo que construimos con nuestras propias manos. Queremos valorar el esfuerzo porque conocemos la satisfacción que nos inunda el pecho luego ver los frutos de nuestro sacrificio y dedicación, muy elevado por sobre lo que es robado o incluso regalado.

Proponemos que el trabajo no debería ser lo que es ahora. Este no debería alienarnos, sino dignificarnos. Lo que hacemos nos pone en contacto con nuestros prójimos, con la naturaleza, y además forma nuestra identidad.

Así también, queremos enfrentar la apatía, la flojera, el desgano, el aprovechamiento, la estafa. Queremos enfrentar a los vividores, a los parásitos. Nosotros desnudamos una gran verdad: lo que nos llega fácil nos hace daño, nos debilita y nos reduce.

Comprendemos que todo está conectado, que todo está relacionado de manera transcendental. Una actitud de gratitud nos permite conectarnos con todo esto de una manera transcendental y llena de sentido. Cada persona, cada lugar, cada circunstancia (la naturaleza, nuestros padres, nuestros amigos e incluso nuestros enemigos) participan e influyen en el acontecer de nuestra vida.

Vivimos en tiempos donde nos hacen creer que todo depende solo de nosotros, donde nos hacen creer que todos somos distinguidamente especiales y autosuficientes. Crecemos en un ambiente donde un excesivo individualismo nos hace frívolos, egoístas y desconsiderados. Nos envenenan muchos libros y mensajes de “autosuperación” que están dispuestos a vendernos falsas ilusiones con tal de sacarnos dinero. Acá tenemos otro enemigo, algo más que debemos de enfrentar.

Nosotros preferimos exaltar el ser agradecidos, el ser considerados. Queremos enriquecer la vida y toda su complejidad reconociendo el valor de estos sentimientos y esta actitud.

Quizás se ha sido demasiado débil como para dejarse vencer por la envidia, el resentimiento, el dolor, la impaciencia, la injusticia. ¿Cuántas veces se ha creado desde ahí? ¿Cuánta venganza se ha empozado en los corazones humanos?, ¿cuántas veces se ha permitido incendiar nuestro mundo de sangre y espírales viciosas de odio? – El manifiesto.

Somos seres humanos, somos seres emocionales. Sabemos que es totalmente natural que lleguemos a sentir tales sentimientos. No hablamos de ser máquinas frías que no sienten dolor, envidia ni resentimiento. De lo que se trata es de reconocer su maldad, dejar que pasen y no actuar, no pensar y no crear desde tales sentimientos. Por esto queremos ser fuertes, por esto necesitamos ser fuertes. Que nuestra obra nazca de la seguridad, de la alegría, del amor a la vida.